
Siempre me ha parecido difícil votar en las elecciones parlamentarias. Es tanta la oferta, y de tan mala calidad, que la primera tentación consiste en no votar por nadie.
Por eso hay que armarse de algún tipo de criterio y luego examinar a aquellos aspirantes que se acercan al concepto definido. Por ejemplo, un ciudadano puede concluir que sólo votará por candidatos a los que les interese impulsar la educación inicial, lo que sería una magnífica idea, y después examinar a quienes se han interesado por ese tema crucial. Se sorprenderá: prácticamente no hay un solo candidato, a Senado o Cámara, que haya dicho algo rescatable al respecto, mucho menos alguno (a) que haya propuesto un plan concreto al respecto. Y eso que este es uno de los problemas centrales del país.
Otro criterio, entre muchos posibles, es el del desarrollo regional. ¿Qué candidatos tienen en la cabeza la necesidades de la región donde el ciudadano habita? Pues finalmente el bienestar y las oportunidades tienen que ver con la forma en que ciudades y regiones emprendan caminos de desarrollo y generen recursos para el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de ellas. Es un criterio pragmático, que no toma en cuenta pertenencias a partidos o bloques ideológicos, sino que se pregunta qué puede hacer tal o cual por la región donde el votante vive.
Desde la perspectiva regional, tengo pocas dudas en que el mejor voto posible para un vallecaucano es el que se deposite por Germán Villegas, número 50 de la lista conservadora. Es el dirigente político que más ha hecho por el Valle en las últimas dos décadas, acostumbra cumplir con aquello que se compromete y tiene en su cabeza, debidamente priorizadas, las más sentidas necesidades vallecaucanas. Villegas aprovechará cualquier circunstancia propicia para traer recursos e inversiones al Valle del Cauca. Y creo que es el único que tiene plena claridad en todo lo que significa para el futuro de la región una obra como la profundización del canal de acceso a la bahía de Buenaventura.
Pero si se piensa con un criterio político y una perspectiva nacional, habrá que mirar para otros lados. Si se tiene conciencia de que el país está tocando fondo, que el desempleo está llegando a límites intolerables, que la corrupción está desatada, que la economía de Colombia se ha feriado para favorecer a unos cuantos ricachos, en fin, que el lado oscuro del gobierno de Uribe ha terminado por ensombrecer cualquier aspecto luminoso, se debiera votar por algún opositor, ojalá de alto nivel intelectual, a la fuerza política que representa o que avala al uribismo.
Creo que Marcelo Torres, el número 24 de la lista al Senado por el Polo Democrático, es quien mejor representa esta alternativa. Jefe de un sector de la izquierda democrática que ha combatido sin reservas todas las tropelías de la guerrilla, tuvo el valor civil de enfrentar a las tenebrosas fuerzas de la ‘Gata’ presentándose como candidato a la Alcaldía de Magangue, donde armó una coalición con liberales, conservadores y sectores independientes, que habría triunfado de no mediar un enorme fraude y la complacencia de las autoridades gubernamentales.
Me parece que, con estas perspectivas, y otras que a cada cual se le ocurran, resulta más fácil votar en las próximas elecciones, sobre todo para no terminar apoyando algún bandido, de los muchos que se ofrecen como Mesías en estos retorcidos comicios.