¿Se acabó la Política? Luis Guillermo Restrepo

Hace pocos días, Rudolf Hommes hizo un oportuno llamado de atención sobre la manera en que el presidente Uribe se convirtió en epicentro de las noticias y de los medios.

Cabría preguntar cuál es la razón para que la política gire sólo alrededor de ese epicentro, y el 80% de los colombianos mantengan su confianza en él, pese a los seis años que lleva en el poder.

La advertencia de Hommes, publicada en su columna del El Tiempo el pasado 12 de septiembre, tiene una gran importancia. Según su escrito, en nuestro país, "la noticia que ocupa más espacio periodístico es Uribe".

Y agrega: "los medios han facilitado, consciente o inconscientemente, que se concentre excesivamente el poder y la capacidad oficial de manejar las noticias", porque Uribe descubrió que "la clave de su poder de comunicación consistía en volverse noticia".

Estoy de acuerdo en que el Presidente es el amo de las noticias en Colombia. Pero me atrevería a puntualizar que eso se volvió lo que hoy es porque se quedó con la política. Con toda la política, incluida la del Polo y la del Liberalismo.

Para el llamado uribismo, la suma de movimientos que se supone apoyan al Gobierno, el Presidente es una sombrilla que los protege de los veranos y los inviernos que implican proponer ideas o hacer transformaciones para darle transparencia a la democracia. Y un pararrayos, que neutraliza la descarga de la alianza con criminales.

Por eso, la pelea con las Cortes y la reforma a la justicia o a la política son de Uribe, mientras los desastres de la parapolítica no se le achacan a los partidos sino al Uribismo, obligando a su líder a batirse en la batalla jurídica y mediática. Es un régimen protegido por la más formidable imagen que recuerde la historia.

Lo de la oposición es igual de triste. Mientras el Polo se debate en sus pugnas internas, su forma de actuar es guiada por la agenda presidencial. Lo que dice Uribe, lo que dejó de decir, la forma en que los ataca o por qué no los ataca. Incluso algunos de sus jefes, tan antinómicos como Petro y "Lucho" Garzón, hacen su mejor esfuerzo por parecerse a Uribe. ¿Y el Partido Liberal? Basta hacer una pregunta: ¿alguien oye algo de César Gaviria distinto a sus respuestas a los ataques presidenciales contra su obra de gobierno?

En lo que no estoy de acuerdo con Hommes es en acusar a todo el periodismo de ser incondicional. Claro que hay muchos furibistas en la prensa y no falta el medio entregado al régimen. Pero también existe la causa del antiuribismo. Son cientos los columnistas que esperan cualquier palabra, cualquier silencio, para caerle a palos a Uribe. Para tratar de deslegitimarlo, para acusarlo de los peores intereses y las más inconfesables fechorías. Para criticar y tratar de tapar hasta éxitos incuestionables como la operación Jaque.
  
Entonces, aunque es cierto que Uribe se quedó con la política, no es exacto decir que el periodismo en Colombia se plegó a Uribe. Falta un ingrediente definitivo: lo que piensa la gente. Y ahí está lo grave: como la política se corrompió al infinito, y los políticos se plegaron a lo que Uribe haga o deje de hacer, la gente no encuentra alternativas. Por eso, en Colombia ya no se hace política sino uribismo o antiuribismo. ¿Hasta cuándo?