Antecedentes y pilares de un verdadero Estatuto Docente

Por: Miguel Ángel Pardo Romero[1]
miguep2008@gmail.com

Antecedentes

La necesidad de garantizar el ejercicio y reconocimiento  de la profesión docente, se confunde en sus orígenes, con la lucha por la libertad de cátedra, la autonomía y la democracia en las instituciones educativas. Batalla decisiva propia de la edad moderna en Europa; como también, desde fines de la Colonia en América y la Nueva Granada, cuyo propósito fue avanzar en la producción del conocimiento científico y en su aplicación para el desarrollo de las nacientes naciones.

El control eclesiástico sobre la educación de entonces, tenía proscrito el conocimiento científico y a aquellos que intentaran su pleno desarrollo. En  posteriores épocas, durante el Siglo XIX y el XX, Estados de carácter autoritario o sin sentido de soberanía en el campo de la educación, la ciencia, la tecnología y la cultura, se han constituido en los grandes obstáculos del progreso, imponiendo la antidemocracia en las casas de estudio de sus propios países.

En Colombia, destacamos como profundamente progresistas reformas educativas, tales como: el Plan de Estudios de Moreno y Escandón en 1774; El Plan de Estudios del General Santander en 1826; las desarrolladas por el radicalismo liberal del Siglo XIX; las propuestas que sustentaron las luchas de la década del 20 y del Movimiento Estudiantil de 1971; la consecución del Estatuto Docente en 1979 y los significativos avances consignados en la Ley General de Educación en 1994. Ejemplos de regresivas contra reformas, son las que suprimieron las ya mencionadas en 1778 y 1828; las impuestas en la oscura época de la Regeneración en 1886; las universitarias de 1980 y 1992;  las neoliberales limitaciones a la materialización del derecho a la educación en la Constitución Política de 1991, profundizadas en los Actos Legislativos 01 de 2001 y 04 de 2007 y la Ley 715 de 2001. Pese a la tenaz oposición de la comunidad educativa, los últimos gobiernos nacionales lograron pauperizar la educación; deteriorar sin antecedentes los ambientes escolares y derribar el Estatuto Docente o Decreto Ley 2277 de 1979, especialmente para los nuevos colegas.


Pilares de un verdadero Estatuto Docente

Establecido el carácter profesional de la Docencia, el Estatuto debe garantizar su ejercicio. En virtud de lo cual, un primer pilar fundamental es la libertad de cátedra y la participación decisoria en el rumbo académico de las instituciones educativas. Un requisito indispensable para su materialización es la estabilidad laboral. Sin ella, el autoritarismo y la sin razón se imponen con la amenaza de la pérdida del empleo. Además de atentar contra el bienestar del magisterio y sus familias, se afecta el ejercicio de los derechos civiles, políticos y sindicales. Sin democracia académica, el conocimiento no avanza, la escuela se marchita y no le responde a la sociedad. La neoliberal y preferida forma para vulnerar estos derechos es la evaluación sanción, sin intención académica, perversamente expuesta ante la opinión pública. Es inaceptable para el Magisterio, al igual que todo tipo de acción punitiva que castigue  estas libertades.

Un segundo Pilar, tiene que ver con la pedagogía y el conocimiento científico. Razón por la cual, el Estatuto debe concebir como derecho, no como estímulo, la adecuada financiación Estatal de la formación y la actualización permanente; como también, el apoyo a la innovación y a la investigación. El magisterio es parte integrante de la masa crítica de un país, necesaria para su desarrollo y el bienestar a través de la aplicación y generación del conocimiento más avanzado. Ello tiene que ver con el más alto nivel de la enseñanza y el aprendizaje. A su vez, el escalafón docente, debe establecer con justa precisión, la relación entre estudios, producción académica y experiencia con respecto al mejoramiento profesional y  salarial.

Un tercer pilar, es el establecimiento de las condiciones laborales para el ejercicio pedagógico diario, como parte integrante de mejores ambientes escolares. De este pilar hacen parte temas administrativos que deben  subordinarse a razones pedagógicas, entre otros: una justa jornada laboral y escolar; la asignación académica y el reconocimiento de otras actividades como parte de ella; el número de alumnos por aula; las adecuadas plantas de directivos, docentes, orientadores y administrativos. Este tema está necesariamente ligado a otras exigencias propias de la comunidad educativa, en procura de su dignidad. Aunque no hagan parte de un articulado de Estatuto puede serlo de su exposición de motivos, tales como: la construcción y modernización  de las plantas físicas, el bienestar escolar y la seguridad social  del magisterio.

Los pilares aquí expuestos no son los únicos pero son insustituibles. Pretenden ser una síntesis de las propuestas de la comunidad educativa anteriores al Decreto 2277 de 1979  y de sus principales ejes. Por tal razón, la elaboración de un proyecto de Estatuto Docente que anime y unifique al Magisterio en su reconquista, debe asumir lo esencial del “viejo” Estatuto y no del actual decreto 1278 de 2002, que precisamente es la negación al reconocimiento y a las garantías para el ejercicio de la docencia; razón por lo cual, sigue vigente la exigencia de su derogatoria y del pleno restablecimiento del Decreto – Ley 2277. 

Pese a que la contienda prioritaria, impuesta por el actual Gobierno Nacional es la preservación de nuestra seguridad social, el Magisterio sabrá librar un fraternal e intenso debate del cual derive una acertada táctica, elabore un proyecto que esté a la altura de la historia de la educación y de la propia. Porque la lucha por la reconquista del Estatuto Docente, hace parte del derecho que tiene el país a la existencia de una comunidad educativa y académica del alto nivel; como también, a una educación pública, científica y democrática.
 
[1] Vicepresidente de la Asociación Distrital de Educadores y su representante ante el Comité Distrital de Capacitación Docente. Magister en Historia y Licenciado en Ciencias Sociales. El Educador Distrital. Bogotá,  Colombia, Mayo de 2009.