Avances de la política educativa en Bogotá en dimensión histórica

A propósito del retiro del profesor Abel Rodríguez de la Secretaría de Educación

 

 

Los avances de la política educativa en Bogotá en una real dimensión histórica
Por Miguel Ángel Pardo Romero[1]
 

 

 

 
Corresponde a los estudiosos de la historia de la educación, establecer el carácter progresista de la política educativa en la capital del país en dos sucesivos gobiernos del Polo Democrático; como también, el grado de los avances realmente obtenidos en tan vital asunto para el desarrollo de las naciones y el bienestar de los pueblos.

En las revoluciones democráticas – burguesas, las comunidades educativas lograron establecer tres grandes criterios para las reformas educativas; los cuales fueron enriquecidos en las contiendas de las nacientes repúblicas latinoamericanas del siglo XIX. El primer criterio planteado es definir que la única institución social que podría garantizar la educación es el Estado. Ello implica la financiación que permita la educación gratuita, el bienestar escolar, la constante modernización de las plantas físicas y una adecuada planta de docentes. El segundo criterio, es que la denominada calidad, pasa necesariamente por el carácter científico de la enseñanza, lo que requiere una actualización permanente de los currículos y del magisterio, financiada por el Estado. El tercer criterio; el pleno ejercicio de la libertad de cátedra, autonomía y democracia en las instituciones educativas, es el ambiente propicio para el avance del conocimiento.

En 199 años de historia republicana, la lucha por una educación pública, científica y democrática, ha obtenido logros modestos, parciales y a cuentagotas pero no por ello despreciables, sobre todo cuando han sido fruto de una constante y aguerrida lucha de estudiantes y de profesores. Menciono algunos: el carácter laico de la educación; la existencia del sistema público educativo; la creación y renacimiento de la Universidad Nacional y Estatal; el Estatuto Docente; la libertad de cátedra, la autonomía y la democracia escolares, son avances logrados en momentos de auge revolucionario y constantemente amenazados, recortados y tergiversados, por las fuerzas del atraso.

En este orden de ideas, el solo hecho de haber alcanzado en Bogotá en tan solo un lustro, la parte sustancial del primer criterio de una progresista reforma educativa, tiene de lejos el mérito para que sea incorporada a los grandes capítulos de la historia de la educación. Resulta hasta “subversivo” en estos neoliberales tiempos, destinar la mayor parte del presupuesto público a la inversión social y garantizar la materialización del derecho a la educación, estableciéndola completamente gratuita desde el preescolar a la educación media; el bienestar escolar con efectos demostrados en el aumento en peso y talla de los menores de 6 a 13 años; la construcción y modernización de centenares de plantas físicas acordes con la dignidad y las necesidades pedagógicas; como también, el congelamiento de las concesiones escolares y de la privatización.

En cuanto a la cualificación de la educación, empezó el retorno del debate pedagógico a los colegios, sometido al exilio durante décadas por la racionalización neoliberal. El Magisterio seguirá insistiendo en que una profunda reforma académica requiere indispensablemente del pleno ejercicio de la libertad de cátedra, la autonomía, la democracia y el gobierno escolar.

Lo inédito de esta experiencia educativa en Bogotá, que le otorga mayor mérito, es que no se hace en un momento de auge revolucionario que obligue o permita desde un Gobierno Nacional, poner en marcha estas medidas democráticas, como sí ocurrió con la mayoría de las reformas educativas progresistas en otros momentos de nuestra historia. Se ha avanzado en contravía de un Poder Ejecutivo altamente centralizado, amparado en dos neoliberales reformas constitucionales de 2001 y 2007, que recortaron 100 billones de pesos a la inversión social a instancias de la banca internacional. Fue el descontento popular frente a la mezquindad de las políticas neoliberales, una circunstancia interpretada con acierto por la izquierda democrática, el Movimiento Obrero y la ADE, lo que permitió lograr por primera vez el gobierno del Distrito Capital en 2003, mediante una amplia coalición democrática, en un contexto nacional de resistencia civil ante el autoritarismo y las mafias ligadas al poder político que controlan y desvían los recursos destinados de los recursos de educación y salud en amplias zonas del país.

Los evidentes resultados, especialmente en educación, contribuyeron significativamente a que los ciudadanos votaran en el 2007 por un segundo período del Polo Democrático. Reconquistar a Bogotá y evitar un tercer mandato de la izquierda democrática, es una prioridad de la derecha orientada desde la Casa de Nariño, para lo cual inició una campaña de desprestigio para callar, minimizar, enlodar o atribuirse marrulleramente los progresos alcanzados. Al frente de la fuerte ofensiva a puesto a grandes medios de comunicación y a algunos funcionarios de los órganos de control para sentenciar sin ninguna fórmula de juicio, paralizar la Administración y hasta propiciar el “fuego amigo”.

El aprendizaje de la izquierda no se ha limitado a gobernar sino a también a conocer la perversidad del establecimiento, el cual se siente amenazado cuando se administra en favor de la población. El motivo principal para hostigar al profesor Abel Rodríguez, se debe a la materialización de una parte sustancial de la propuesta de la comunidad educativa, aplazada durante doscientos años, razón por la cual le reiteramos nuestra solidaridad. A la medieval usanza de la inquisición, se nos advierte que habrá condena a la hoguera o al destierro a quien se atreva poner el conocimiento al alcance de todos. De paso, se envía un mensaje cifrado pero claro, de que la izquierda puede gobernar de vez en cuando pero al viejo estilo; de lo contrario, “destierro y excomunión” como canta Serrat. En virtud de lo cual, el Polo y el Alcalde Mayor, tendrán que evaluar, si de una u otra manera, aceptan la indebida presión e inician el camino de regreso o profundizan este capítulo de la historia de la educación y de la utopía colectiva.


 

[1] Magister en Historia y Licenciado en Ciencias Sociales. Vicepresidente de la Asociación Distrital de Educadores (ADE)  y su representante ante el Comité Distrital de Capacitación Docente. Editorial, Radio Revista Proyección, 25 de  octubre de 2009. Artículo publicado en el Períodico el  Informativo de la CUT # 61, Octubre de 2009 y en Educador Distrital, periódico de la ADE. Bogotá, Noviembre de 2009. miguep2008@gmail.com. www.renovacionmagisterial.org

Por Miguel Ángel Pardo Romero.