El futuro de la economía de EE.UU, cada vez más negro

Por Justin Lahart, Timothy
Aeppel y Conor Dougherty
 
El panorama para la economía de Estad os Unidos, que antes de la última debacle de Wall Street ya estaba debilitada pero no aniquilada, se está volviendo cada vez más oscuro, a medida que se propaga la crisis de crédito.

Incluso antes del colapso de algunas de las mayores firmas financieras del mundo, EE.UU. parecía estar al borde de la recesión, si es que no había ya entrado en esa fase. De todos modos, hasta ahora la economía general del país no se ha visto afectada de una forma tan dura como Wall Street. Pero la etapa más reciente de la crisis puede hacer que el declive sea más profundo y duradero.

"La brutal dinámica en los mercados financieros en las últimas semanas ha apretado aún más las tuercas del crédito", dice Robert Barbera, economista de Investment Technology Group Inc., firma de servicios de corretaje de Nueva York.
 
Hay señales de que los temores que le han quitado el sueño al sector financiero podrían estar contagiándose al sector industrial. Heartland Precision Fasteners, de Kansas, produce más de 300.000 cierres al día, principalmente para aviones. David Rose, el presidente de la compañía, había planeado una ampliación de su fábrica de US$1,5 millones, pero ahora ha aplazado el proyecto.
 
"Todo esto nos está haciendo pensar las cosas dos veces; esta es una gran inversión para nosotros", asegura Rose, cuya fábrica cuenta con 80 empleados.
 
Mientras la creciente crisis amenaza con limitar aún más la disponibilidad de crédito, las esperanzas de que el mercado inmobiliario esté a punto de recuperarse se han postergado. Otros sectores de la economía que dependen del crédito también podrían ser golpeados. "El riesgo es que podría empujarnos a una recesión aún más profunda", señala el economista de Morgan Stanley Richard Berner.
 
Las turbulencias más recientes están arremetiendo contra la economía en un momento especialmente vulnerable. El consumo, que cobró fuerza brevemente a principios de abril por el paquete de estímulos fiscales del gobierno, se ha deteriorado en los últimos meses.
 
La producción industrial de EE.UU. ha caído por tres trimestres consecutivos y los economistas pronostican que la bajada continuará hasta el primer trimestre del año próximo. El desempleo se disparó a 6,1% en agosto, frente al 5,7% de julio. Una desaceleración económica global amenaza con disminuir las exportaciones estadounidenses, uno de los pocos sectores de la economía en alza.
Incluso tras recuperar 410 puntos el jueves, el Promedio Industrial Dow Jones está por debajo del nivel en el que se encontraba hace un mes. Esto repercute en la economía de los hogares, que ya habían sido muy golpeados por la crisis inmobiliaria.
 
El índice de los principales indicadores cayó 0,5% en agosto, lo que evidencia una mayor debilidad económica, dijo el centro de estudios Conference Board. Mientras tanto, la semana pasada, las solicitudes para obtener seguros de desempleo subieron de 10.000 a 455.000, según el Departamento de Trabajo.

La persistente crisis financiera podría debilitar aún más la confianza de los consumidores, perjudicando a la economía en su conjunto. En Chicago, el agente de viajes Conan Dunning dice que sus clientes están cancelando sus planes de viaje y no le devuelven las llamadas.
 
Uno de los motivos por los que la economía no está en peor estado es porque las empresas no financieras que tienen un buen historial han seguido obteniendo préstamos para construir instalaciones y comprar nuevos equipos. En agosto, el 10% de las compañías encuestadas por la National Federation of Independent Business (NFIB) dijo que era más difícil conseguir un préstamo que tres meses atrás.

Eso triplica el promedio de 2003, pero una contracción de esta clase es típica en momentos de una desaceleración económica y no es inusual dada la profundidad de la caída inmobiliaria y la debilidad del consumo, apunta Bill Dunkelberg, economista jefe de la NFIB.
 
Mientras muchas firmas establecidas han podido sacar provecho de los mercados de crédito, los prestamistas se han vuelto reticentes a la hora de darles dinero a empresas que recién empiezan y a otros proyectos de riesgo. Eso podría afectar el crecimiento futuro. "En muchos casos, tu crecimiento viene de principiantes, nuevas firmas", dice Daniel Meckstroth, economista de MAPI/Manufacturers Alliance. "El riesgo ahora es que esa gente no consigue financiamiento".