Jefe de Estado, no mayordomo. Alfonso Gómez

Sigue la ambigüedad del presidente Uribe en torno a si aspira o no a un tercer mandato. En muchos sectores se piensa que el Jefe del Estado nos estaría haciendo la gran concesión de no presentarse otra vez como candidato.

Lo primero que hay que decir, es que la Constitución Nacional, hoy, tal como quedó en el propio acto legislativo inspirado desde Palacio y votado con los métodos ya conocidos de doña Yidis y don Teodolindo y aprobado por la Corte Constitucional, no le permite al presidente Uribe quedarse en el poder más allá del 7 de agosto de 2010.

No sobra recordar que como candidato en el año 2001, el actual Presidente decía que consideraba que no debía permitirse la reelección inmediata porque se corría el riesgo de que quien estuviera en el poder utilizara todos los instrumentos gubernamentales para perpetuarse.

Luego cambió y utilizando precisamente este poder, incluidas las prebendas, echó atrás la norma de la Constitución de 1991 para permitir su propia reelección inmediata. La Corte Constitucional, en votación dividida, autorizó esa reelección advirtiendo que solo podía hacerse por una sola vez.

Y mediando ese segundo periodo ha vuelto a presentarse el mismo cambio constitucional para favorecer, otra vez, al presidente Uribe. Su partido de la U ha impulsado un referendo para levantar la prohibición constitucional.

Fiel a su estilo de sí pero no, un día el Presidente dice que no quiere quedarse, otro que el referendo no puede empantanar otras reformas como la política y la judicial, y luego envía al Presidente del Senado a que diga que él  sólo se va si todos los candidatos posibles de la coalición (hasta ahora ocho, sin incluir a Moreno de Caro) se ponen de acuerdo, porque de lo contrario ganaría un candidato distinto a sus tesis de gobierno.

Esta última argumentación es la más perversa de todas, porque parte de la base de que el país se desintegraría sin Uribe en la Presidencia. El Presidente ha hecho un buen gobierno en temas puntuales como la seguridad, pero la continuidad del Estado y de la Nación colombiana no depende de su permanencia en el poder.

El Jefe del Estado actúa con la mentalidad del mayordomo  que dice que sólo deja la administración de su finca si quien lo suceda puede continuar con lo que él está haciendo, dando por sentado que eso es lo único admisible para que la hacienda esté bien administrada.

Este país no puede considerarse como la finca del Presidente, ni Uribe es su mayordomo. Es éste, un Estado Social de Derecho, que no ha contemplado ni la monarquía, ni la dictadura en nombre de la seguridad. El Señor Presidente es el Jefe del Estado pero no es el Estado mismo.

Dentro y fuera de la coalición de gobierno hay una clase dirigente de relevo que no dejaría que el país cayera ni en manos de la guerrilla, ni de los paramilitares, ni de los narcotraficantes. Es inadmisible la actitud de mayordomo con la que el señor Presidente mira al país.

El es un gran colombiano y un buen patriota. Pero no es el exclusivo dueño de esta Nación. Ni López Pumarejo, ni los Lleras, ni Laureano Gómez, ni Ospina Pérez, pensaron que si se salían del gobierno el país se acababa.