LA PRESENCIA DEL “VIEJO” TON

En memoria de Alberto Abello

LA PRESENCIA DEL “VIEJO” TON

Por Marcelo Torres

L

a noche de domingo, en que usualmente se descansa temprano, se ve los últimos noticieros y se siente el apremio de la semana que comienza, se volvió luctuosa de golpe y porrazo. La mala nueva del fallecimiento de Alberto Abello Vives llegó con su ala de cuervo, sentimos su picotazo en el corazón y el entendimiento inundado de reflexiones tristes. Cuesta mucho asimilar que ya no estará más quien siempre percibimos vital, cuya iniciativa se desplazaba de un proyecto a otro, de logros y realizaciones valiosos, con miras muchísimo más lejanas que la línea del horizonte en tierra plana y de una perenne cercanía a las tendencias del mundo del porvenir. Los desarrollos no ortodoxos de la teoría económica, los estudios e investigaciones económico-sociales de nuestro medio, el mundo universitario, la cultura del Caribe profundo, la literatura y el periodismo, fueron algunos de los poderosos focos de interés que motivaron sus puntos de vista y su actividad.  Atraído por  igual por disciplinas tan diversas como el rigor de la econometría,  la estadística y la magia creadora del lenguaje popular, orientó, entre otras muchas cosas, una revista de cultura y literatura designada con un arcaísmo caribeño, Agüaita, del que gustaba decir que de seguro se trataba de alguna voz de contrabandistas o arcabuceros andaluces de la era de la conquista que la habían sembrado en nuestros lares y que significaba “mira, observa, aguarda”. Si absorbía como una esponja la savia de tales esferas, asimismo irradiaba como un aura en torno suyo una empatía cuyo efecto era un inusitado vigor motivante que generaba resultados entre quienes participaban en las empresas de diversa índole que acometía.

joven al que conoció esa generació hoy con el sol a sus espaldas─ de la cual él hizo parte─, que se levantó en los turbulentos años setenta ─como quien esto escribe─ en la Universidad Nacional, y a quien llamábamos familiarmente El Ton Abello,  encontró el esplendor de su fecunda madurez intelectual en lo que podríamos llamar su período de Cartagena. Dese luego, antes, en el preludio de esa fase, durante el breve lapso en que estuvo de nuevo en el altiplano capitalino y trabajara un tiempo en Planeación Nacional, escribió, publicó un denso artículo sobre la globalización que a mi juicio constituye una brillante síntesis sobre el controvertido concepto  y en especial sobre la génesis histórica del fenómeno mundial. Por encima de la profusa literatura sobre el tema, en gran parte superficial, repleta de vacua especulación y de panegíricos sobre “el siglo norteamericano”, Alberto Abello, en la línea del historiador Inmanuel Wallerstein, teórico de la economía-mundo, nos advierte que la globalización es consustancial al régimen social que la lanzó al orbe, el capitalismo, y que como tal opera en la historia de la humanidad en escala universal desde hace 500 años. Que como rezaba el Manifiesto de el “moro” de Tréveris, el capital  necesita establecerse por doquier, “anidar en todas partes”, naturaleza cosmopolita que socava y desarticula todas las formas sociales anteriores, cual fuerza cuya divisa fuese “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Que esta tendencia abarcadora, planetaria, arrancó en firme con el hecho mismo del descubrimiento de América. Cuyo despliegue ha avanzado en forma de vastas ondas histórico-sociales cuyo alcance ha tenido por base el nivel ascendente fijado en cada tramo por la tecnología. De modo que si aquella primera revolución que nació con la fuerza del vapor y la máquina textil,  dio origen a la sociedad industrial, la segunda,  la de la revolución del carbón, el acero y la electricidad, vió nacer  los grandes monopolios, la tercera y cuarta, empujadas por la energía del átomo, la cohetería balística, los nuevos materiales, la internet, la producción de computadores, la nanotecnología y la informática, la biotecnología y las aplicaciones de las ciencias del clima, nos han arrojado a un mundo impensable hace sólo pocas décadas atrás. Pero, ojo, nos advierte Alberto Abello, si la progresividad del capitalismo ascensional fue muy revolucionaria y su creciente globalización contribuyó notablemente, así fuese mediante traumáticos métodos, a transformar las formaciones sociales arcaicas en el mundo entero, desde fines del siglo XIX hasta hoy  ya no fue más así. Sobre todo desde cuando en las postrimerías del siglo XX y en lo que va del XXI, la indumentaria del neoliberalismo identifica su globalización como rapaz, antisocial, deshumanizada y opresora de la  mayoritaria población de los países de la periferia. Es decir, ahí nos quedó ese luminoso artículo suyo indicándonos que dado el actual divorcio existente entre el impulso progresivo de la globalización, dado por el incesante avance de la tecnología, y la envoltura imperial que se vale de ella para sojuzgar naciones y exprimir pueblos, la contradicción se resuelve uniéndonos todos en una lucha por alcanzar un mundo mejor.  

 

Pero el despliegue mayor de su capacidad para develar los misterios de nuestro injusto y enrevesado engranaje social e impulsar las más avanzadas tendencias transformadoras y el talento creador, fue su tramo como gestor de la investigación social, la cultura y la actividad académica en la ciudad amurallada. De todo ello, el Observatorio del Caribe, del que fue su director en Cartagena, jugó el papel de una especie de faro orientador, con su potente señal, de ruta hacia buen puerto. Acaso no se haya valorado aún en toda su dimensión la importancia que el Observatorio tuvo en el terreno de las ciencias sociales, la literatura y la historia de nuestra caribeña Región. La rica producción investigativa y de rescate cultural raizal, que incluye incursiones inéditas en el campo del lenguaje popular, tangible en numerosos volúmenes publicados, están a la vista dando forma y contenido a un macizo acervo de conocimiento y reconocimiento de esa realidad. Que recuerde, se destacan, por ejemplo, el estudio con la contundente demostración de los estragos generados por la llamada apertura económica sobre el desarrollo económico en los departamentos del litoral Atlántico, con los más bajos indicadores de alfabetización, educación y salud del país, marcados por la desindustrialización, el aumento del trabajo informal y el incremento de la concentración de la propiedad territorial. El trabajo realizado, también en los mismos departamentos, sobre los resultados de una de las reformas neoliberales de primera generación, la descentralización territorial del gasto público, revelando que la asignación de competencias sobre el funcionamiento y la inversión poco significaban mientras una estructura presupuestal de ingresos apegada al rígido centralismo mantuviera el raquitismo  de los recaudos locales y la voracidad impositiva del centro. Sobre todo para los municipios pequeños y aún medianos, poco generadores de recursos propios con tal estructura. Noveles y valiosos escritores, como el inolvidable Jorge García Usta, ya fallecido, acompañaron a Alberto Abello en la vigilia por fomentar y redescubrir la mejor literatura de nuestro medio, sus penalidades y fantasía. Economistas, antropólogos, historiadores, escritores,  poetas, lingüistas, folkloristas y cazadores de historias, fueron atraídos por la labor del Observatorio que él presidió en un desempeño de resultados destinados a perdurar. Impulso que lo llevó al terreno colindante del periodismo para promover, bajo el alar del Nobel colombiano García Márquez y al lado de Jaime Abello Banffi, el reconocido instituto para la formación de periodistas con sede en Cartagena.

 

Su retorno a Bogotá  lo llevó a la dirección de la que quizá sea la primera o por lo menos la más moderna biblioteca del país, la Luis Ángel Arango. Ni que decir tiene que tan importante institución en el plano cultural tenía en él al mejor director. Su renuncia tras el período relativamente breve al frente de la misma, ameritaría una explicación que desconocemos. En todo caso en el marco la actual política oficial de restricción y censura en el terreno de la cultura, como el enfoque de menoscabo a la educación pública con sus anunciados rasgos oscurantistas, no encuadraba la visión avanzada y universal que siempre lo caracterizó.

 

Alberto Abello Vives se nos ha ido, repentina, prematuramente, pero la huella de sus pasos perdurará, proyectando su orientación en la dirección del país que soñó, por el que seguimos luchando.

 

 

 

 

La Picota, 17 de abril de 2019