Trabajadores sin contrato, sobre corteros de caña

Germán Patiño 
Septiembre 22 de 2008
El País Calí

Luis Fernando Londoño está preocupado. Sabiéndolo liberal de convicción, entiendo que algo le debe remorder en la conciencia cuando reconoce que los más de 12.000 corteros que trabajan para los ingenios "no tienen vínculos laborales" con ellos. Una situación que desafía toda lógica y todo sentido de justicia. Los liberales lo saben y por ello han participado en el debate contra la reforma laboral de Uribe que impuso la tercerización de las relaciones laborales, con el fallido argumento de que esta "flexibilización" ayudaría a generar mayor empleo.

Lo cierto es que el campo vallecaucano se encuentra en medio de un conflicto económico y social que puede alcanzar niveles de violencia indeseables. Y la causa es el aprovechamiento vergonzoso que los ingenios azucareros están haciendo de las posibilidades legales para vincular trabajadores sin contraer vínculos laborales con ellos.

Inexplicable en una industria que lleva varias décadas gozando de la protección del Estado. El azúcar colombiano goza de un régimen de subsidios que ya se lo quisieran otros sectores productivos. Y somos los colombianos los que pagamos esos precios mayores, en algunos casos conscientemente, pensando que es legítimo proteger a las industrias nacionales que generan empleos de buena calidad.

Como si fuera poco, el etanol, nuevo negocio de los ingenios, también se encuentra subsidiado. Recuerdo que el Ministro de Minas, en un debate en la Comisión Quinta del Senado, argumentó que esos subsidios se justificaban porque así se podría generar más y mejores empleos para los corteros de caña de azúcar en el Valle del Cauca.

Pero esto no está sucediendo. Parece que a los empresarios del azúcar sólo les interesa la protección a la industria cuando se traduce en aumento de sus ingresos, pero se olvidan que esta protección también es extensiva a los trabajadores que laboran en ella. O a sus proveedores, porque también tienen un conflicto larvado con los cultivadores independientes de caña, a quienes no quieren extenderles los beneficios del subsidio que recibe el etanol.

La ley del embudo: lo ancho para mí, lo angosto para ti. Es decir, que los colombianos paguemos los subsidios sin chistar y que todo ese excedente vaya para los bolsillos de los rentistas, nada para los trabajadores de la industria y tampoco para los proveedores de caña. Y es a palo: estamos obligados a comprar etanol subsidiado porque la Ley obliga a mezclar la gasolina con un porcentaje de ese agrocombustible.

A los corteros de caña, que laboran de sol a sol en lo que debe ser uno de los trabajos más exigentes del mundo, nada, ni siquiera contrato laboral. Desde luego, no pueden presentar pliegos de peticiones ni firmar convenciones colectivas y, claro, no tiene sentido que se organicen en sindicatos. Y todavía hay gente que se pregunta por qué los demócratas estadounidenses se niegan a firmar el TLC con Colombia, aduciendo la desprotección al sindicalismo en el país.

Así las cosas, me imagino que a Londoño no le deben haber mortificado las valientes palabras de la procuradora Ambiental y Agraria del Valle del Cauca, Gloria Enith Ramírez, cuando dice que las cooperativas no fueron creadas para remplazar contratos laborales, y llamó a los ingenios a que revisen este tipo de vinculación "porque no se puede desconocer que existe una relación laboral". Así de claro.